La Baña

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Es el pueblo que mejor ejemplifica la transformación sufrida por la Cabrera en los últimos veinte años. Tres bancos, dos supermercados y tres bares-restaurantes. Cinco empresas pizarreras con más de 500 empleos directos: todo ello para una población de unos 600 habitantes.

De lo que fue el viejo poblachón perdido en lo más profundo de un valle remoto, apenas queda nada ante la avalancha de nuevas construcciones. Tiene buena iglesia, grande y con una espléndida espadaña. Se conservan varios molinos, algunos ya en ruina, y restos de los pequeños pozos donde se ponía a ablandar el lino.

Pero los atractivos mayores están fuera del pueblo y son sobre todo
el lago de origen glaciar, a unos 10 kms, donde nace el río Cabrera, pero también "La Fervienza", una hermosa cascada en un entorno espectacular. A los dos sitios se llega sin mayor dificultad.  Por lo demás, la situación del pueblo ofrece un excelente punto de partida para excursiones a otros puntos no menos interesantes: a la comarca de Sanabria por una pista forestal y a Valdeorras, ya en Orense, por carretera, donde se encuentran sitios del mayor interés, como el famoso bosque de tejos llamado "El tejedal" o las ruinas de las explotaciones de wolframio, de tanta importancia en la segunda guerra mundial y algunos años después.  

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No se puede dejar de señalar que La Baña sirve de escenario a dos novelas. La primera, publicada en 1921, es "Entre brumas". El autor, José Aragón Escacena, ejerció como maestro en Silván, pueblo del municipio de Benuza, cercano a La Baña. La novela no es buena, pero tiene el atractivo de que reproduce con fidelidad el dialecto que hablaba la gente, además de retratar el ambiente y otras curiosidades interesantes. La segunda es "Antonio B. el Rojo" sobre un personaje nativo del pueblo y sus correrías por él en los años de la posguerra cargados de penuria. Su autor es el novelista vasco Ramiro Pinilla y fue publicada en 1977. En realidad, al protagonista le llamaban en La Baña "el ruso", contundente apodo con el que se trataba en aquel tiempo de aludir a la maldad por excelencia.  

En La Baña la gente ya no habla dialecto. Sin embargo, su forma de hablar todavía hoy se distingue por una entonación o acento únicos en la zona, muy peculiares y curiosos, últimos vestigios de esa música que ellos le ponían al dialecto común en toda la  
Cabrera.

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